Primero fueron los tejidos.
Me formé para tratar el dolor con las manos. Osteopatía estructural, visceral y craneal. Kaltenborn. Drenaje Vodder. Inducción miofascial. Stretching global activo. Y once años de fisio en el Club de Golf Larrabea.
En casa, mi padre, el neurólogo Arturo Goicoechea, le daba la vuelta a todo: el dolor lo decide el cerebro. Discutíamos. Mucho. Yo hablaba de tejidos y él, de sistema nervioso.
Spoiler: tenía razón.
Lo vi en consulta. Gente que tenía que volver cada mes para estar sin dolor. Eso no podía ser normal.
Así que cambié. Y empecé a explicar biología en consulta.
Con Asier Merino tengo en Vitoria-Gasteiz una clínica donde lo primero es explicar qué está pasando. Uso el marco de Arturo en consulta individual desde los años 2000, y en grupos desde 2010.
La duda ya estaba en mi tesis para el D.O. (2009): medí el umbral del dolor después de una manipulación vertebral y me pregunté si cambiaba según lo que esperaba cada persona.